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Dear Esperanza:
Juan José Gurrola
Dear Esperanza:
Veo a través de tus pinturas toda una vida, una pasión envidiable y una visión muy particular de la realidad. La realidad que te rodea, la que ha dado vueltas en tu cabecita desde hace años: la metamorfosis de ser a través del arte. Te he visto desde hace tiempo urdiendo caminos en los corredores de la belleza, las antiguedades, la arquitectura, el sexo y la comida. Con la yema de los dedos tocas todo y como el hada madrina de Cenicienta lo vuelves hermoso a tus bellos ojos. Pero en esta colección de cuadros de amateur apasionada la pintura te sorbio el alma, el sabor, los colores, la savia y los flujos y reflujos de la maravillosa naturaleza. Te veo prendida, casi maniatada, a la hoja los pétalos y las raíces en la contemplación. Siento como una atracción que te jala hacia adentro convirtiéndote en partículas microcópicas que van en un tobogán hacia el infinito en busca de la vida. De la razón de ser.
Nuestra amistad me impide ser objetivo como observador de tus alucinantes cuadros. Tengo impregnada en la memoria tu infinita felicidad comprando pinceles y colores. Después, las horas frente al cuadro mejorando la factura, brincando abismos, asegurando tu personalidad, exponiendo tu inspiración. Si me preguntaran si tienes nivel de pintora, les daría una cachetada ¡claro que una pintora! Y muy seria. ¿Qué no ven que su alma transita sin tropiezos desde la punta de la montaña en sus paisajes hasta la primera gota de rocío? ¿Qué no ven?.
Esperanza Bolland como una japonesa o mejor, como una geisha, nos pone sus pinturas para deleitarnos con su obra. Fina, memorable: en cada rama está su cuerpo.
Mayo, 2004
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