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Experiencia Pictórica de lo Natural
José Manuel Springer

Flores y frutos de la Huasteca veracruzana, horizontes de geografía de la ciudad de México y sus alrededores, luces del mediodía y del ocaso, la naturaleza representada en todo su esplendor, son los temas que ocupan a Esperanza Bolland en su quehacer pictórico. Rodeada de estos ambientes húmedos y tropicales, la pintora creció admirando el entorno en sus más ricos detalles. Hoy su pintura recupera para nosotros una naturaleza exaltada, llena de color, contagiada de la vitalidad que capta su paciente pincel. Como heredera de la tradición de la pintura mimética, Esperanza Bolland nos lleva con su trabajo a escrutar las calidades infinitas de la naturaleza.
La artista ha logrado captar en sus lienzos la dimensión táctil de las hojas, la rugosidad de las ramas y los troncos y la aterciopelada piel de las flores. Tal es su dedicación con el detalle que en sus cuadros se puede ver el misterio de la naturaleza, desplegándose ante nuestra mirada.

Como sucedía con los pájaros ante el legendario cuadro del pintor griego Zeuxi, que bajaban a comer de las uvas que pintó magistralmente, en las obras de Bolland el ojo es engañado y lo que mira se transforma casi en un relieve tridimensional. A través del empeño y de su oficio, la pintora veracruzana comunica lo tangible de las cosas a través de la imagen pictórica. Al respecto abría que señalar que la artista practica la escultura, la joyería, la escenografía y tantos oficios más aprendidos durante la niñez, que se suman en su pintura para darle el carácter exquisito de los retablos barrocos.
Sin duda estas pinturas son herederas de la tradición decimonónica que hizo del paisaje y los frutos de la naturaleza un símbolo de abundancia, ofreciendonos representaciones de un mundo benigno en el cual el hombre puede encontrar su sustento y deleite. En tanto que no solo de pan vive el hombre, la imitación de la naturaleza fue el origen de la experiencia estética e incluso mística, tanto en Occidente como en Oriente. La obra de esta autora es una afirmación de la belleza en sus más nobles y puras formas. De formación autodidacta y carácter emprendedor, Bolland ha abrevado del conocimiento antiguo de la pintura aplicado a una visión moderna.

Cada una de sus obras empieza por el descubrimiento de un detalle, que atrapa la visión del artista. A continuación Esperanza utiliza la fotografía para captar el tema con la espontaneidad con que llega a su mirada. A partir de la imagen obtenida por el lente, la artista concentra su mirada en algún detalle destacable y en la composición de la obra. El procedimiento de traducción de la imagen química a la imagen pintada revela una intuición y sensibilidad particular de la pintora, puesto que su paleta de color es el resultado de adición y substracción de colores primaros, y por tanto no ovedece a la imitación del colorido fotográfico.

Ese interés por la tradición pictórica lleva a la artista al empleo de hoja de oro y de plata sobre la superficie de la tela para crear un fondo luminicente sobre el cual deposita el color al óleo. Esto tiene dos efectos sobre la obra: en primer lugar provee a la pintura de una luz interna, que deja ver iridiscencias y brillos dramáticos: en segundo lugar, la hoja de oro y plata sufre un proceso de oxidación que atempera el colorido de la obra y, como en el ocaso del Nevado de Toluca en Otoño, lo hace más armónico, pues el brillo y la retícula simétrica de los metales actua como una luz y da un efecto de vitral en el fondo, independientemente de la luz representada en el cuadro. Simi lares a los iconos paleocristianos y los retablos del medievo, estas obras tienen asimismo un carácter oriental, similar al de la pintura japonesa en el siglo XVI y XVII. Se trata pues de obras de carácter decorativo pero también de tono contemplativo y meditativo, que llaman la atención sobre el carácter consagratorio de la Naturaleza.
Hay en la obra un gusto por la estética y los símbolos mexicanos. Tomemos por ejemplo Nopales y Flores de Maguey, una pintura de colorido brillante que en el tratamiento de cactáceas y arbustos, así como la presencia de algunas aves y marsupiales refleja ej conocimiento de la pintura mural de los conventos franciscanos. Al respecto la autora señala que su curiosidad por el estudio de las representaciones de la naturaleza la ha llevedo a la observación detenida de los murales del convento de Malinalco. En esta obra podemos ver la repreentación simple y sencilla del maguey y del órgano con sus respectivas flores, que obedecen a la voluntad de consignar la forma en su estructura morfológica. El movimiento que imprime a la composición la alternativa de sinuosidades simboliza el crecimiento de la vida vegetal. Esta obra es la menos naturalista del conjunto.

Más apegada al realismo, Flor de pantano 1 y Flor de pantano 2 (2002) son obras de madurez, donde la artista manifiesta un estilo propio, centrado en el trabajo de luces y sombras, contraste colorístico y composiciones frontales. En Pasionaria (2004), es evidente el interés por representar la simetría propia de la naturaleza y su riqueza de formas, que no obstante su variedad se muestra jerarquizada y ordenada. Coincidiendo con los pintores renacentistas, que veían en la naturaleza un ejemplo de orden, Esperanza Bolland refleja en los cielos de sus paisajes el conocimiento de las corrientes del viento y la formación de efectos lumínicos que nos permiten distinguir los puntos cardinales, la dirección de los vientos y la inclinación de los rayos solares. Es en obras como Entre dos Corrientes (2002) y Amanecer (2004) donde vemos que con fortuna el arte sigue siendo fiel a la realidad y que se basa en ella para presentarnos un conocimiento sensible, no racional, de los fenómenos naturales. En estas obras la experiencia antecede a la razón. Las pinturas de Esperanza Bolland son el mejor argumento de que el arte moderno apuesta a la percepción y la mímesis como elementos constitutivos de la experiencia estética. Lejos de la pretendida objetividad de la fotografía y de la simultaneidad de la experiencia visual que propuso el Cubismo, los paisajes y naturalezas vivas de Bolland nos proponen el uso de los recursos de la visión para devolvernos la confianza en nuestros simientos. En momentos en que la imagen mediática crea una realidad virtual, extrañada de la naturaleza, la pintura de Bolland nos permite la verdadera experiencia de los sentidos. La subjetividad del espectador, su participación en la reconstrucción mental de los paraísos representados por la pintura, permite contar con una amplia latitud de significado, una libertad de imaginar y maravillarse ante los invisibles detalles de la creación biológica y artística, que Esperanza Bolland ha puesto ante nuestros ojos.

Mayo, 2004 .

Diseño: cuadro comunicación 2006